INTERACCIONES I

27-07-18

En nuestras conversaciones hemos debatido mucho sobre qué es lo que define el “trabajar por cuenta propia”. En tu opinión ¿cuál es la diferencia entre trabajar por cuenta propia y emprender?

Como sabemos, son dos conceptos diferentes que a veces se confunden pensando que son similares…

Trabajar por cuenta propia significa trabajar en aquello que tú decides trabajar, sólo o colaborando con otros profesionales, normalmente por proyectos. El proyecto puede acabar o bien generar otros proyectos nuevos, pero la capacidad de control que el profesional tiene para que esto ocurra suele ser limitada, pues se centra en hacer muy buen proyecto sin una visión estratégica empresarial más holística. Y depende de esa visión el que esa línea proyectual  tenga más recorrido o menos. Podríamos asemejar al trabajador por cuenta propia con ser autónomo o freelance, en el que se suele ser más reactivo: trabaja por proyectos, reaccionando cuando los consigue.

Emprender es centrarse en definir una visión estratégica: es detectar un problema, diseñar una solución, testearla y validarla, a través de un plan de acción. En este caso, el emprendedor tiene un control absoluto de lo que tiene que hacer, es más proactivo: lanza acciones que provocarán reacciones. Emprender es ser resiliente ante la incertidumbre, es innovar en contextos poco  seguros o desconocidos, es resolver retos a todos los niveles, es tener capacidad camaleónica de adaptación a nuevos contextos.

Diseñamos hace tiempo este esquema que creo expresa muy bien esa diferencia, comparando emprender con un estudio de arquitectura convencional en España en el que se trabaja por cuenta propia:

También hemos debatido sobre si el arquitecto debe ser emprendedor o no ¿cuáles son las razones a favor y en contra de ello?

Los arquitectos en España no somos personas emprendedoras, solemos ejercer como autónomos o trabajamos por cuenta ajena. Nos centramos, normalmente, en un buen diseño de producto, pero olvidamos otro tipo de habilidades que son muy importantes para conseguir que ese producto tenga más recorrido.

La educación y la práctica arquitectónica es tan rica y completa que hace que los arquitectos tengamos  bagaje humanista y técnico al mismo tiempo, algo que se aprecia en la gran calidad de nuestros proyectos. Sin embargo, lo que nosotras hemos aprendido, es que son necesarias otras habilidades para poder desarrollar nuestra práctica profesional, y que el emprendedor sí las desarrolla.

Es paradójico que, nuestra generación que ahora ronda los 40, montábamos nuestro propio estudio de arquitectura y no sabíamos hacer ni un pequeño modelo de negocio. En mi experiencia, esto se manifestó claramente durante el periodo de crisis, en el que no supimos responder a esa situación de una manera adaptativa sino que se generó cierto bloqueo, por no tener herramientas que nos permitiesen diseñar nuevos escenarios empresariales y de innovación.

El mundo está cambiando a una velocidad sin precedentes. El arquitecto no tiene por qué ser emprendedor, pero sí tiene que adquirir aquellas habilidades emprendedoras que le permitan moverse en contextos difíciles.

Ambas hemos tenido experiencias profesionales dispares, en concreto, tu trayectoria te lleva de pleno a sumergirte en el ecosistema emprendedor. ¿Cómo llegas a él, qué sacas de ello? ¿recomendarías una experiencia en emprendimiento?

Ambas hicimos la misma reflexión derivado del estudio de arquitectura que co-fundamos juntas. Faltaba algo, una visión más estratégica que nos permitiese tener un plan de acción a desarrollar. Por aquella época nuestra fuente de ingresos se centraba en participar en concursos de arquitectura. Tuvimos suerte porque muy jóvenes ganamos un concurso de gran dimensión que nos permitió poder trabajar durante años, pero, una vez acabado, no sabíamos qué hacer salvo seguir haciendo concursos de arquitectura, con el desgaste físico, emocional y económico que eso supone. Tú empezaste la primera en el mundo del emprendimiento y yo, más tarde, después de tener otra experiencia profesional similar a la de nuestro estudio. Cursé un máster en innovación, liderazgo y emprendimiento en equipo viajando por el mundo (Masteryourself, TeamLabs) que me sumergió en un mundo completamente desconocido para mí: detectar una necesidad a través del análisis de tendencias y del entendimiento del mundo desde metodologías de innovación, generar una idea que resuelva esa necesidad, prototiparla, lanzarla y conseguir facturar por ella. Así el ciclo de aprendizaje se cerraba. Y en su transcurso, surgían habilidades a desarrollar más allá de las que tiene un buen diseñador.

De esa experiencia me llevo el haber adquirido la capacidad de mirar el mundo profesional con otros ojos, de tener una visión más estratégica e innovadora y de haberme convertido en un profesional más competente.

Mirando a la formación universitaria de las Escuelas de Arquitectura, mucho hemos comentado sobre la necesidad de transmitir nuevos discursos profesionales, con una formación más integral y menos centrada en el objeto arquitectónico. ¿En qué ámbitos y qué debates crees que se deberían crear en las Escuelas de Arquitectura?

La revolución tecnológica y digital está cambiando el mundo a una velocidad vertiginosa. Los modelos sociales se están transformando, y con ellos, las profesiones. Pienso que el modelo de estudio de arquitectura convencional en España, que es muy artesanal, debe adaptarse a estos cambios, y esa transformación debe iniciarse desde las Escuelas de Arquitectura. Deben liderar esta transformación. Tenemos que formar profesionales preparados para estos cambios sociales, y para ello, creo que se deberían crear escenarios dentro de las Escuelas que permitan la innovación, la experimentación, el análisis de tendencias, y la creatividad, mucho más allá de lo que significa hacer un proyecto arquitectónico.

Hay una pregunta que tú y yo nos hacemos: ¿por qué, en términos generales, los arquitectos no estamos en los grupos actuales de discusión disruptiva? ¿por qué no somos pioneros en procesos creativos, cuando es nuestra práctica diaria? El cambio de mentalidad se inicia con la educación. No podemos permitir que la Universidad reaccione a posteriori de los cambios que se producen en el mundo laboral. Hay que reducir la brecha entre la academia y la práctica.

También hemos debatido sobre la complejidad del mundo actual y la necesidad de dar respuestas nuevas desde la creatividad y las humanidades. ¿Dónde echas de menos los discursos de ese perfil profesional de arquitecto-emprendedor?

En general, pienso que ese discurso en España apenas se ha iniciado, pues la práctica arquitectónica se apoya en un modelo tradicional de hace décadas y le está costando, desde mi punto de vista, adaptarse a las complejidades actuales.

En otros países el debate ya se ha producido, es fácil encontrar diálogos acerca de la necesidad de incluir emprendimiento, innovación y creatividad en las Escuelas de Arquitectura. Un claro ejemplo es el Instituto Confluence, Instituto para la Innovación y Estrategias creativas en Arquitectura, fundado por Odile Decq, cuyo objetivo es ofrecer un modelo educativo alternativo en Francia. No hablamos de montar una startup, hablamos de adquirir actitud, habilidades y mentalidad emprendedora para poder enfrentarse a los retos del futuro, ahora mismo inimaginables.

La arquitectura abarca áreas profesionales muy diversas; diseño y construcción, ciudad y espacio público, diseño de producto, etc… en dichas áreas empiezan a aparecer grupos de discusión y en la mayoría de los casos no están liderados por arquitectos, son otras disciplinas las que están provocando su proceso de innovación. La formación del arquitecto es muy humanística. Echo de menos que no sepamos hacer florecer esas habilidades para ponerlas al servicio de la sociedad, y que ello nos esté impidiendo ser los líderes de nuestro propio cambio.